Soy EL TÓPICO, pero el hecho de que esto exista refuta cualquier abismo absurdo existencial.

Ay Yehudi, ¡Yehudi!

sophistae:

Gottlieb Schick, Portrait of Heinrike Dannecker (detail), 1802 (x)
01.14.13 /23:00/ 2117

Para final esta actitud alerta
Alerta alerta alerta
Estoy despierto o hermoso Soy el sol o la respuesta
Soy esa tierra alegre que no regatea su reflejo
Cuando nace el día se oyen pregones o júbilos
Insensato el abismo ha insistido toda la noche
Pero esta alegre compañía del aire
esta iluminación de recuerdos que se ha iluminado como una atmósfera
ha permitido respirar a los bichitos más miserables
a las mismas moléculas convertidas en luz o en huellas de las pisadas
A mi paso he cantado porque he dominado el horizonte
Porque por encima de él -más lejos más porque yo soy altísimo
he visto el mar la mar los mares los no-límites
Soy alto como una juventud que no cesa
¿Adónde va a llegar esa cabeza que ha roto ya tres mil vidrios
esos techos innúmeros que olvidan que fueron carne para convertirse en sordera?
¿Hacia qué cielos o qué suelos van esos ojos no pisados
que tienen como yemas una fecundidad invisible?
¿Hacia qué lutos o desórdenes se hunden ciegas abajo esas manos abandonadas?
¿Qué nubes o qué palmas qué besos o siemprevivas
buscan esa frente esos ojos ese sueño
ese crecimiento que acabará como una muerte recién nacida?


Vicente

El mar es absoluto, intenso hasta el punto de hacerse a veces doloroso. Entre estos colores del agua y la arena de granito que la hace resplandecer con una cándida fosforescencia, nos despojamos de todo aquello que es banal, accidental, relativo: querríamos aferrar la esencia de la vida, liberarnos de todos los engranajes de la existencia que nos impiden vivir, despojarnos de los mecanismos de la retórica como lo hacemos con la ropa. Le quitamos una cáscara tras otra a la vida falsa para asirnos a la verdadera, la felicidad, con la sensación de acercarnos a un núcleo tan esencial, tan puro como para semejarse a la nada. El amor al mar, decía Thomas Mann, es también amor a la muerte, y esto le hacía recordar las palabras shakespirianas de despedida, las palabras de Próspero: «and my ending is despair». Pero este sentimiento nace porque el mar nos lleva a entrever -además de disfrutar, tocar y poseer- durante algunos momentos esa persuasión, ese aplacamiento, esa plenitud que quisiéramos tener siempre.

Claudio Magris, “Las islas Afortunadas”

  Comencé a cantar entre dientes por obedecer en la oscuridad absoluta que no había hasta entonces conocido, la vieja canción del agua todavía no nacida, confundida con el gemido de la que nace; el gemido de la madre que da a luz una y otra vez para acabar de nacer ella misma, entremezclado con el vagido de lo que nace, la vida parturiente. Me sentí acunada por este lloro que era también canto tan de lejos y en mí, porque nunca nada era mío del todo. ¿No tendría yo dueño tampoco?
     La música no tiene dueño, pues los que van a ella no la poseen nunca. Han sido por ella primero poseídos, después iniciados. Yo no sabía que una persona pudiera ser así, al modo de la música, que posee porque penetra mientras se desprende de su fuente, también en una herida. Se abre la música sólo en algunos lugares inesperadamente, cuando errante el alma sola, se siente desfallecer sin dueño. En esta soledad nadie aparece, nadie aparecía cuando me asenté en mi soledad última; el amado sin nombre siquiera. Alguien me había enamorado allá en la noche, en una noche sola, en una única noche hasta el alba. Nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarme.


María Zambrano, “Diotima de Mantinea”

Your skin is something that I stir into my tea.

Beside the light that’s getting in my eyes, a rollercoaster ride.

Al descender la luz comenzó a menguar, pero sin alterar por ello su cualidad, como si fuera yo y no la luz lo que cambiase, decreciendo, aunque incluso se hubiera podido leer un periódico cando la carretera se adentraba entre los árboles. Enseguida llegué a un sendero. Lo tomé. Era más estrecho y oscuro que la carretera, pero cuando llegó a la parada del tranvía  -otra marquesina de madera- la luz permaneció inmutable. Al terminar, el sendero parecía más brillante, como si yo hubiese caminado por el sendero bajo la noche y ahora fuese de nuevo por la mañana. El tranvía llegó enseguida.

rieux154:

Donde se hizo vivisección a ese sanlorenzo de nuestros pecados, a ese sanlorenzaccio que sabes, a ese sanlorenzón a ése que soy yo, a ese lorenzo, lorenzo que me des la vuelta que ya estoy tostado por este lado, como las sardinas, lorenzo, como sardinitas pobres, humildes, ya me he tostado, el sol tuesta, va tostando, va amojamando, sanlorenzo era un macho, no gritaba, no gritaba, estaba en silencio mientras lo tostaban torquemadas paganos, estaba en silencio y sólo dijo -la historia sólo recuerda que dijo- dame la vuelta que por este lado ya estoy tostado… y el verdugo le dio la vuelta por una simple cuestión de simetría.

Yo no sé si me has comprendido
Es mucho más triste de lo que tú supones
Esta música sapiencia del oído
no me interrumpas sin amor que muero
voy a vivir no cantes voy estaba
Una lámina fina de quietud
Así se sabe que la idea es carne
una gota de sangre sobre el césped
No respiréis no mancho con mi sombra
Un navío me voy adiós el cielo
Hielo de sangre sangre que soporta
Nave de albura. Adiós. Viaje. Extinguido.

"Sin ruido", Vicente Aleixandre

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